domingo, 23 de febrero de 2014
CICLORECREOVIA
Hoy 25 de febrero salí de mi casa con la idea de una caminata por el borde del Mapocho, pensé que sólo podría caminar entre Los Leones y Pedro de Valdivia debido a que a esa altura disminuye el parque en el borde del río y la contaminación que produce el tránsito vehicular quita las ganas de seguir la caminata.
Eso creía yo, una ciudadana santiaguina que viaja el máximo posible debajo de la tierra, en el metro, que a pesar de ser bastante desagradable (calor, transpiración, olores, apretujones, etc) asegura un tiempo razonable en el desplazamiento por los sectores de la ciudad que atraviesa.
Pero hoy tuve una muy agradable sorpresa, gracias a la ciclorecreovía de Providencia y Santiago, las que se unen para ampliar el circuito, pude llegar hasta el Parque Quinta Normal, en un recorrido de cerca de 8 kilómetros.
Está todo muy bien organizado, la ruta entre Lyon con la Costanera y las puertas del Parque está cerrada al tránsito vehicular hasta las 14:00 hrs, hay cada ciertos tramos unos stand que te convidan agua, otros que te regalan productos como barritas de cereal, mecánicos de bicis, primeros auxilios, préstamos de bicis.
Lo malo es que no hay baños públicos habilitados, salvo el café literario. En el Museo de Bellas Artes también hay, pero en rigor es para los que lo visitan. Y los de la calle Ahumada abren a las 11:00 hrs, -bastante tarde para quienes salen a caminar temprano-, finalmente, en el Parque Quinta Normal existe un baño público. Yo me tomé un café en medio de la caminata para acceder al baño del café, que en plena Plaza de Armas no tenía papel higiénico!
La otra crítica es que prestan bicis, pero hay que devolverlas en el mismo lugar, sería genial que se pudieran tomar al principio y devolver entremedio y al final, esto incitaría a ir más allá.
Lo disfruté, es cierto. Sin embargo, no se puede pasar por alto cómo la ciudad se va deteriorando a medida que uno baja -es decir se desplaza desde la cordillera al mar-, las construcciones modernas llenas de jardines, con espacios de transición entre lo público y lo privado bien pensados con veredas amplias y cuidadas van dando paso a construcciones antiguas, menos vegetación, edificios sucios, basura en las calles, hasta llegar a construcciones patrimoniales bellísimas en un estado deplorable. Incluso la calle en Providencia es de un asfalto liso y en Santiago se va poblando de hoyos y parches.
En el recorrido se observa también la segregación de las personas, es increíble como el tipo de personas también cambia, al principio cabelleras rubias, cuerpos hechos a mano, ciclistas con bicis ultra equipadas, deportistas con tenidas de punta en blanco con aparatos en los brazos, ropas pulcramente combinadas, ellos llegan máximo hasta el Museo de Bellas Artes. A partir de allí, la gente empieza a disminuir de estatura y enancharse hacía los lados, las bicis más corrientes, se ven extranjeros (peruanos, colombianos), las tenidas más coloridas, más desordenadas, es otra ciudad la que aparece, es realmente impresionante el cambio!
Pero, con esta ciclorecreovía me da la impresión que hay un tramo en que todo se mixtura, en que de verdad se logra que la calle sea para todos y en que todos nos podemos mirar y comprender que somos la misma cosa, esto es un espacio público, para esto sirve, para el encuentro, para recuperar confianzas, para compartir. Para unir lo hecho trizas. Sirve para hacer ciudad.
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